Ya describían esta tierra alta, artistas famosos como Picasso y Gaudí, impresionados por la belleza del paisaje y sus gentes y productos.
Lo mejor de la climatología de altitud como los vientos del Cierzo, y un suelo ancestral, el panal, han logrado que estas viñas centenarias sobrevivan con una perfecta desinfección natural, dando lo mejor de sí con el tiempo.
Las notas cítricas y frutales alcanzadas con la madurez son de tacto amplio en boca, sabrosas e intensas, con ciertas notas de mantequilla caramelizada, estos matices de caramelización, mineralidad y textura untuosa y sedosa, hacen de este vino un complejo de sabores y aromas, que evoluciona muy bien con el tiempo, dotado de cuerpo y acidez.
Un vino que conviene Jarrear y airear con minuciosidad y rigor, algunos como las añadas 2001,2003, si los encuentras están grandiosos.
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