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El graciano está en forma.

Han transcurrido 22 meses desde la última botella bebida y mis augurios se han cumplido sobre este vino. Permanece en forma.
Corcho de calidad, en perfecto estado y muy levemente humedecido por su permanente contacto con el vino.
Mantiene su capa media alta, está limpio y brillante. Menisco granatoso y con notas teja. Permanece su buena, gruesa y lenta lágrima que se desliza con pereza por el caliz de la copa tintándola levemente.
En nariz, está cerrado necesita tiempo y aireación. Realizada ésta, se manifiestan sus finas frutas rojas y negras del bosque en sazón. Percibo arándados, fresas salvajes. Madera de su crianza al ataque. Notas balsámicas y de pimienta negra.
En boca está muy elegante, aterciopelado, fino, mantiene volumen y carnosidad, equlibrado, mineral, la madera de su crianza es presencial, con carga de fruta. Resucitan las percibidas en la fase olfativa. Taninos domados. Mantiene una elegante acidez que te invita a beber y que le darán algún que otro año más de vida. Lo comprobaremos, me queda una última botella. Muy grato, sedoso y elegante paso de boca. Es un vino muy largo. Me da una permanencia de casi 3 minutos.

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