No se puede hablar de este vino sin hacer mención a la atención que le han brindado a su presentación, encargando el diseño tanto de la botella como de la etiqueta al enfant terrible del diseño español: David Delfin.
Dentro de la estética rompedora con la línea habitual en el vino, al menos en España, David Delfín se toma al pie de la letra el nombre del vino y crea una botella con claras reminiscencias a la que contiene uno de los perfumes más famosos y caros del mundo, de marca francesa y por todos conocido. Sólo un pero, su forma rectangular dificultaría su guarda y reposo en vinoteca.
Pero centrémonos en lo que nos ocupa aquí.
La nariz es intensa y expresiva, con mantos de fruta roja y negra intercalándose a modo de milhojas, salpicados de pimienta negra y aromatizado con penetrantes balsámicos.
Tamaña intensidad olfativa no se traslada a la boca que nos saluda con un contacto aterciopelado, ligero y suave, en el que destaca la fruta roja. Muy envolvente pero con la necesaria acidez para que no se haga pesado.
Un vino creado para hacer disfrutar con todos los sentidos, algo que sobre todo consigue aromáticamente, pero sin duda es un vino de calidad.
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