El vino se muestra con un bello vestido ambarino de hermosos reflejos dorados y preciosos destellos. Sus primeros aromas eran complejos, recordando algo la gama empireumática, aromas lácticos y cocidos, unidos a suaves recuerdos de piel de uva muy madura. Pasado un tiempo, ganó muchos matices engrandeciéndose sus notas de Botritys, sus fondos entre confiscados y dulces de vainilla y delicados cítricos. Su evolución aromática fue muy lenta y elegante. El encuentro en boca fue francamente dulce, muy goloso y matizado, ganando lentamente en complejidad con su desarrollo en boca lleno de notas cambiantes a frutas, pasas, cortezas de cítricos, delicados lácticos e incluso algún recuerdo de taninos perfumados de madera nueva. En cada sorbo, su postgusto, tremendamente largo, volvía a recordar a la delicada aspereza de la piel de las uvas pasas y la vainilla de roble nuevo y tostado.
Gastronómicamente hablando, el Château d'Yquem del 89 es sin duda un peso pesado que puede dar juego tanto los más intensos foie-gras de Oca y los más espectaculares quesos azules, sin olvidar en ningún caso que puede ser una copa perfecta en una sobremesa de reyes, Feliz cumpleaños Pilar.
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