Vino encerrado en una original y exclusiva botella propiedad de la familia Vivanco. Botella muy bién vestida con una intemporal etiqueta de diseño moderno. Nada menos que un cuadro de Juán Gris. Es elegante, exquisita y cerrada con un magnífico corcho.
A la vista encuentro un color rojo picota combinado con rubí. Limpio y brillante. Densa lágrima que se desliza con perezosa lentitud por la copa tintándola. Menisco granatoso, rubí y con incipientes notas teja. Fase visual realizada a contraluz de una bombilla.
En la fase olfativa. A copa parada notas de su estancia en la barrica, fina madera y ligeros ahumados. Después de una buena aireación , surgen los frutas negras y rojas, moras, cerezas en sazón y en una intensidad media alta. Madera de su crianza bién integrada. La fruta puede con ella. Notas balsámicas, de cueros, de vainilla y punzante pimienta negra.
En boca es elegante, muy fino, carnoso, con volumen, sedoso, muy frutal y equilibrado. No se perciben sus 14% de volumen en alcohol. Taninos elegantes, sedosos y domándose. Presente y elegante acidez que invita a beber y beber. ¿Cuando hacemos las catas con magnum?. Muy varietal a tempranillo riojano. Con mucha vida por delante. Con el tiempo y una buena aireación resurgen las sabrosas frutas de la fase olfativa. Mineralidad elegante y docil. Tiene un gran y elegante paso de boca. Es un vino muy largo. Me da una permanencia en boca de 3,45 minutos.
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