Creo que el enunciado de esta nota de cata dice bien, o expresa, las sensaciones que hemos encontrado en esta nueva añada del archiconocido blanco de la bodega de Salas Bajas.
Tras un 2013 en el cual muchos opinamos que había un cierto bajón general en este vino (varias notas de cata expresan peculiaridades y sensaciones alejadas a lo que nos tenía acostumbrado este blanco de Huesca), nos sentamos a la mesa y descubrimos en la copa una nueva añada.
Visualmente, no es el color lo que llama poderosamente la atención: menos dorado que de costumbre. Más pajizo, menos luminoso.
La nariz parece rescatarnos de nuevos fantasmas y se parece muy mucho a la Chardonnay que todos reconocemos. Intensidad media; aparece la piña de nuevo, el plátano. Nos muestra fruta blanca (a veces pera muy poco madura, otras una manzana verde, a medio camino entre una Granny Smith y una Golden).
Me cuesta descubrir el hinojo que reseña la botella en su contraetiqueta. Pero de lo que no tengo la menor duda es de ese fondo mineral el cual se cita y sí es perceptible ( mucho más lo será en la fase gustativa)
La boca cierra un conjunto cada vez más placentero. Frutal, fresca. Con buen recorrido en el paladar. Luciendo una buena dosis de acidez (sin avasallar) y un paladar mucho menos cansino (empalagoso) que la añada anterior.
Siempre he pensado que este vino alcanza su mayor grado de disfrute a partir del año-año y medio después de embotellado. En este caso debo decir que el vino ya está en un punto bastante más que aceptable. El final nos deja una grata persistencia frutal y, como comentaba anteriormente, un muy interesante y patente fondo mineral (tiza, cal...)
Conclusión: Creemos sinceramente (y bien que me alegro) que esta nueva añada 2014 regresa a la más auténtica Chardonnay y que siempre nos ha gustado.
De todas formas y a buen seguro, no será la última botella de este vino que nos llevaremos al paladar y que disfrutemos.
Copa a copa...que no es poco.