Cereza de media capa y amplia tonalidad granate teja. Maravillosa nariz que es un compendio de riqueza olfativa de la serie terciaria sobre leves aromas de frutillos silvestres en confitura. Hay maderas aromáticas, cueros finos, notitas de la serie animal (sangre), flores blancas, anisados, especias dulces, pastelitos de crema horneándose, tostados - ahumados que recuerdan al carbón y a la tizne de chimenea, sensaciones de carne a brasa y levemente al maíz tostado. Hay tierra seca que puede recordar a la gravilla y a la tiza. Final con notas de vegetales secos, papel de periódico, hoja de tabaco y caja de puros. También notitas de jengibre y algo de salitre. En boca es elegante y sedoso, con un paso algo amargoso con recuerdos de naranja amarga y frambuesas, siguen los sabores de tabaco, vegetales, pimienta, caramelo de frambuesa que deja su impronta ácida dándole frescura al paso lo que también aporta un perfil de taninos algo secantes pero elegantes, sobretodo en el posgusto que también es algo salado. Retronasal inmensa, con todos los recuerdos de la nariz y el matiz de tierra seca, la sangre y el mercurio crome. Un vino maravilloso, las añadas 1982 y 1981 en Rioja fueron de los primeros acontecimientos en España que acercaron el vino más al consumidor, recuerdo que la gente comentaba sobre la calidad de esas añadas sin saber muy bien el motivo, y que determinados vinos se iban a agotar. Esto hay que unirlo al efecto Pesquera en La Ribera o al inicio de Priorat con Alvaro Palacios y sus tres precursores algo más tarde. Hay varios hechos en el mundo del vino español que suponen hitos y escalones hacia arriba, por eso es bueno mirar al pasado y probar vinos como éste. Solo el tiempo en botella y su mejoría hace a un vino Grande, todo lo demás son “entretenimientos y divertimentos de corto plazo “.