Estamos ante una nueva forma de pensar en la zona, porque no tiene nada que ver. Jamás hubiese pensado en un Ribera. Te encandila por su naturalidad. De un color cereza intenso con la orilla violácea. Nos da fruta roja tanto fresca como dulce, como así atestiguan esas guindas, notas de caramelitos, lilas, que lo hacen sutil, diferente, también especias mediterráneas. En boca se atreve hasta con unas peta zetas, más por ese sabor dulce y ácido que por el crujido de éstas, aunque crees notar ese carbonatado de forma muy ligera, goloso, la fruta es jugosa, fresco, suave... sin embargo tiene persistencia.
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