Dorado. Carbónico en fase de declive pero que se nota todavía.
En nariz sobresale más el carácter de la chardonnay que el de la pinot noir. Flores marchitas, membrillo, agua de azahar, algún toque cítrico, bollería, nata y madera vieja. Una vez abierto ha ido cada vez a más.
La boca funciona como un tiro: frescura, integración de sabores y una burbuja que aún agarra suficientemente. Paso vertebrado por una gran acidez. Estilo barroco. Complejidad.
Largo e intrincado final.
De los más grandes que he probado, maduro, con abanico y en un momento perfecto. Cortesía de un buen amigo. Da gusto beber estas gamas altas de grandes bodegas. No son vinos del gusto de la mayoría, pues pierden nervio. Sin embargo ganan mucha prestancia. Hay que aprender a valorarlos.
Los Champagnes de esos años todavía tienen fuerza y burbuja, sobre todo 82/83 me he encontrado con vinos brutales porque aúnan la complejidad del vino viejo con la frescura y la chispa que esperamos de un Champagne. Ya si nos vamos a los años 70 o anteriores la burbuja se va perdiendo y es otra cosa…
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