Para reparar el partido Holanda-Alemania, una botella que inaugura la caja. Color cereza intenso. En nariz, elegante, muy concentrado y con aromas a café -éste, menos señalado - y cacao, además de fruta madura. En boca, carnoso y potente, adivinando la crianza más prolongada que su hermano "menor" en barricas nuevas. Ligero pero apreciable el final con la Cabernet dejando su impronta, que no desmerece un recorrido razonablemente amplio. Gustará a quienes buscan vinos "personales" en zonas poco difundidas.
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