Color cereza intenso de capa media con brillos de rubí y ribete purpúreo algo más claro. Lágrima fina y densa que tiñe la copa.
Aroma de intensidad media-alta, con un primer golpe de crema de rosas, fruta roja, fresas, algo de regaliz, (¿barnices?), bálsamos, retamas o hierbas de monte bajo. Con el movimiento estalla más fruta roja, ciruelas rojas pero maduras, con un contrapunto floral encantador (rosas), cremoso y balsámico. Toques como de aceituna o almazara. Los mentolados o balsámicos se funden con intensos toques minerales, ferruginosos, con leves recuerdos de repollo cocido, más curiosos que desagradables.
En boca entra con contundencia, aunque tiene cuerpo medio, con muy buena acidez que contrae las facciones para formar una sonrisa. Sabores que replican la nariz pero con más frescura, cremoso, frutal y floral. Caramelo de fresa con un punto anisado. Cierta carga de astrigencia tánica que tendrá que domarse para equilibrarse hacia un perfil más delgado y suave, más centrado en la acidez y la fruta roja. Muy buen restrogusto, nitido y cremoso que llena la cavidad nasal. No es largo.
Al día siguiente ha mitigado el elemento láctico. Los bálsamos iniciales se han secado hacia hierbas del monte: romero. En nariz la fruta está más madura, más oscura, más golosa. En boca pierde la astringencia inicial.
Un vino diferente y personal, un ejemplo del impulso de autenticidad y recuperación que está protagonizando el Valle del Maule chileno al rescatar variedades que son "prácticamente" autóctonas allí, como la cariñena.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.