El artista estadounidense John H Wurdeman se sintió atraído por la música folclórica del antiguo estado soviético de Georgia y acabó atrapado por el vino y su curiosa y ancestral forma de elaboración.
Es de un aroma natural "civilizado". Es floral entre fresco y marchito, al igual que herbal. Sientes la manzana y la naranja tanto su pulpa como la cáscara. Es un efluvio de la fermentación, del hollejo macerado junto con un aspecto sanguino y terroso. Se muestra intenso y claro, limpio y directo, muy buena definición del estilo y de la variedad, pues no queda tapada por la vinificación.
En boca tiene peso y alma, es agradable, con un punto seco y amargo tan valientes como ponderados, le dota de carácter. Todo se equilibra y se articula gracias a una acidez viva y jugosa. Punto auvado, alcohol fragante, es largo, paladeas una nuez y la tierra en forma de ánfora. Un buen ejemplo para introducirse en el mundo de los vinos Georgianos.
Aunque está muy claro con qué música casa con este vino, me voy con Paul Halley y la Choral Works y el tema Magnificat, Tone II.
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