Botella de esas rezagadas, con la etiqueta sucia, único ejemplar de tienda de ultramarinos de Santander... El riesgo estaba ahí, pero los 23 euros que marcaba -para quitársela de en medio- eran mucho más tentadores...
Al abrirla, las notas reductoras animaron a decantar el vino; espuma abundante y color dorado intenso, densidad y corpulencia aparentes y, burbuja fina, abundante y con desprendimiento regular formando rosarios que se imbricaban creando un atractivo efecto visual.
Después de unos 20 minutos, la reducción se había diluido y las notas florales y pasteleras se manifestaban con intensidad. Fruta roja y blanca por igual. Notas avainilladas y puntas verdes (hierbabuena, césped?). Perfil olfativo diferente y peculiar.
En boca suave, sedoso, con acidez potente y equilibrada, redondo, con cuerpo.
Una vez más, incluso en las cuvees básicas de los grandes maestros champaneros, el tiempo solo hace bien.
Un placer.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.