Botella borgoñona de etiquetado moderno pero austero y ya clásico en este vino.
Cápsula correcta y corcho apenas bañado en vino por el interior.
Servido a unos 7-8ºC.
Visual
Amarillo pajizo brillante con abundantes reflejos verdosos, límpido, limpio y brillante. A baja temperatura apenas se aprecia, pero cuando gana algo de temperatura, sí se aprecia algo de lágrima.
Aspecto muy joven y bonito. Packaging bien. (8,5)
Nariz
De buena intensidad desde el inicio, se percibe mucha frescura, con abundante fruta cítrica y, en mucha menor medida, fruta de hueso, aparecen apreciables notas florales, herbáceas, de cantos rodados húmedos, hinojo, tojo y un leve toque anisado.
Muy fresco y de media complejidad. (8,7)
Boca
Fenomenal ataque, muy frutal y con frescura a raudales, muy buena acidez, notable mineralidad, de cierto volumen y densidad, vino amplio, con notas cremosas, untuosas, de cierto cuerpo y buena estructura.
Combina la frutalidad y cierto grado de complejidad con un paso por boca afilado y mineral pero, a la vez, resolutivamente redondo.
Es un vino de buena longitud que deja una fantástica impresión frutal-ácida-mineral y que invita a seguir bebiendo sin descanso (un vino peligroso). (8,9)
En excelente momento de consumo aunque con capacidad quizás para envejecer en botella 2-3 años más.
No sé por qué, pero esta añada (junto a la 2018), no me parecen tan frescas ni con tanta acidez como añadas anteriores (por lo que no le veo ya tanta capacidad de evolución en botella como antes).
Su PVP ronda los 15-16€ (aunque, en mi caso, lo pude comprar de oferta por apenas 11€). Muy buena RCP para lo que ofrece.
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