Lo primero que me sorprende es la intensidad en nariz. He catado un 2022 la semana pasada y lo vi consistente con mi cata anterior y lo que suelo pensar de los Godellos: que la nariz no es su fuerte. Pero en este caso inmediatamente tras el descorche ya da una intensidad más que razonable y con mucha mineralidad, cítricos, fruta blanca... Pero lo que manda es la mineralidad casi salina. Es esa intensidad fruto de los años de botella o cuestión de la añada?
Y en boca, como siempre: untuoso, amplio, cítrico, con buenísima persistencia y todavía estupenda acidez. Posgusto muy mineral y sápido. Lo abrí pensando que igual estaría ya “de caída” pero ni mucho menos.
Como dice con frecuencia nuestro compañero @pepecano: “si este vino fuese francés...” De momento, quizá gracias a ser gallego se sigue pudiendo pagar.
Es que como bien dices está muy bueno, tendremos que dejar de decirlo porque es una delicia que aún se puede pagar.
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