Cuando un burdeos sale bueno, todo fluye. Desgraciadamente bebemos pocos vinos de esta región. Su elevado precio y el tener que esperarlos al menos una década para que desplieguen una parte de su potencial no ayuda. Si a eso le añadimos que cuando tienen años y la botella lleva descorchada un par de días se abren y se cierran sin ton ni son, entonces ya nos quedamos descolocados. En todo caso, son los más grandes del mundo. Los tintos, claro. El vino de hoy, un 96 de una casa afamada estuvo soberbio anteayer y lo vuelve a estar ahora. Da igual cuando digamos esto: tabaco que se transforma en ceniza, sangre, mina de lapicero, pimiento, una barrica de la que sería incapaz de decir si es joven o nueva… La boca muestra carácter masculino y una astringencia que se ha ido acentuando con la aireación.
El final es largo e intrincado.
Un Grand Cru Exceptionnel que no fue clasificado cuando debería, porque su propietario prefirió esperar. Es difícil saber si hizo bien o no. Lo único claro es que sigue mostrando un clasicismo difícil de encontrar.
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.