Este era uno de los vinos que me faltaban por colgar nota de los que bebimos en la reunión veremera de la Terrassa del Museu.
Quizás me he tomado mi tiempo porque tras unas cuantas añadas degustadas de este gran vino (sobretodo de la década a la que pertenece), tenía ganas de llevarme al paladar tan espléndida añada.
Y debo de decir que tánta era mi predisposición al goze y disfrute, y tan alta era mi ilusión por descorcharlo, que creo que me pesó un poco la conciencia tan positiva porque, por lo menos en el caso de esta botella, no me ha resultado el mejor Mogador bebido por un servidor hasta la fecha.
Dónde debía esperar (es una opinión mía, por supuesto) que este Priorat me fuera a ofrecer un tinto reposado y hecho; explendoroso y aposentado y listo para gozar trago a trago, me he encontrado con otra cara de la moneda. Si no la mala cara, sí la más dura y oscura.
Descorchamos un formidable tapón del que parece que lo hubieran encapsulado ayer mismo.
Decantado por lo menos, 1 hora y media antes de bebernos las primeras copas de este vino.
Uno de los Mogadors con más necesidad de oxígeno que haya probado. Es como un tigre enjaulado: agresivo, alcohólico; rudo, falto de amaneramiento y de doma. No se calma, ni pasadas tres horas o más. Qué barbaro!!
Visualmente, el color resulta muy vivo, con un picota oscuro de capa media-alta y abundante lágrima tinta que vela nuestra copa de manera atractiva.
Eso sí: tiene una cantidad de posos y precipitados terrible. Gracias al decantador...y aún así, la copa muestra todos esos pequeños sedimentos en el cristal y en el fondo de la copa.
Meto la nariz en la copa (por cierto, apunto tomando nota tras dos horas después de abierto):
Licoroso en grado alto (guindas en licor). Potente (ya lo había dicho), todavía. Recuerda a los Priorats más clásicos, y por supuesto, los primeros Mogadors. Cognac, Jerez, mucho pasificado y por supuesto, piedra Llicorella pizarra pura y dura. Sigue: si se "relaja" (tarea harto difícil, pues requiere de mucha paciencia y tiempo), ciruelas muy maduras, higos y algarrobas.
Encuentro poco o nada del típico y oloroso matorral y bosque Mediterráneo, de los balsámicos; quizás por ese "recubrimiento de licor, fruta madurísima y más alcohol".
Ya digo: de los de antes. De los de decantar medio día antes de beberlo. No exagero.
La boca, curiosamente (gracias a Dios y, presumiblemente, al tiempo) no resulta tan alcohólica como podría suponer. No obstante, requiere beberla con calma. El vino resulta contundente, carnoso; pero no para bebérselo de un trago. Incluso resulta rugoso y con un nivel de acidez todavía bueno. Asoma algo de la madera, la fruta en licor (esto no se va ni por asomo); quizás café y algo más. Pero es que me sigue resultando algo tosca al final del paladar. Persistencia media-alta y notable postgusto pasificado y de torrefactos.
...Y dicho esto, que creo que no es poco, pues me quedo con la impresión de ser un gran Mogador de los de la antigua escuela, pero un Mogador de los más difíciles de beber y que seguramente no será nunca apto para todos los públicos como quizás parezca ser la línea más "educada" de los últimos años en este vino.
Aunque quizás en este 2001 esté la quintaesencia del Priorat más auténtico y en estado puro, de todos.
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