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Un superviviente ...

    Por lo regular, los vinos de Saint-Emilion  pueden mejorar durante quince o veinte años pero, después, no se mantienen en buen estado. Este tinto que debería estar en declive o casi muerto, rebosa salud y sorprendió a los catadores que tuvieron la suerte de probarlo : hay cosas raras.

    De color granate oscuro, tan opaco que no se ve a través de la copa, con una notable diferencia entre el núcleo y el menisco, marcadamente teja, expresa la quintaesencia de la uva merlot noir bien madura : notas de jugo de zarzamora, de tabaco rubio, de sotobosque y de carne de caza menor.

    En boca, se muestra afrutado, amplio, sápido, bien conjuntado, aderezado con una acidez inusual, de muy buen beber, con taninos sedosos y cincelados. Discurre fresco, ágil, con una aparente ligereza que para nada lo es : nos remite a las cerezas negras, a las fresas compotadas, a las endrinas, a las ciruelas damascenas, con una pizca de trufa.

    Se diferencia en casi todo con los Clos des Jacobins de las añadas posteriores. Milagrosamente preservado de la decrepitud y del fallecimiento, creemos que debe la vida a otra manera de elaborar los vinos y, sobretodo, a una bodega perfecta : si la etiqueta se cae a pedazos, el tapón de alta calidad ha aguantado bien el paso del tiempo ( PVP : alrededor de 40 francos en la época, es decir 20 €. )

 

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