Rojo apagado con ribete parduzco. Limpio y algo turbio.
Flores marchitas, hojas de sen, algún deje a fruta roja y negra madura, sangre y toques metálicos y unos toques ahumados, terrosos y especiados que son los verdaderos protagonistas.
En boca es un vino fluido pero que también tiene pegada, que va bien de acidez y al que no se le nota prácticamente el alcohol. La madera, nada de nada, no he hecho el ejercicio de investigar si la lleva o no. De estilo decadente, pero contenido y con una cierta mala leche, nos podría recordar, salvando las distancias, a un Gevrey villages. Final tostado y mineral.
Bastante bien, se trata de un 2016 que sigue en plena forma.
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