El vino blanco de entrada de Sandra Doix nos muestra la juventud del Priorato, no es muy común los vinos blancos sin crianza en barricas en esta zona. Las variedades al desnudo, aunque está muy joven.
Correcto, pero como que se me ha quedado algo corto, muchos anisados y balsámicos de entrada y los verdores de los recuerdos hinojo que luego en boca nos dejan algo de amargor. La fruta nos lleva a la fruta blanca como la pera y la manzana, hay mineralidad, acidez justa y un toque floral. No me ha acabado de convencer, quizás esperaba más por lo que había probado anteriormente de esta bodega. Hay que dar una oportunidad con algún tiempo en botella.
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