Ansgar Clüsserath es una realidad familiar que lleva pasando de generación en generación desde, nada más y nada menos, que el 1670 en el Mosela. Hoy timonea la bodega Eva Clüsserath, quien tiene la pizarra impresa en su genética, por lo que hace vinos bien afinados, que no resultan golosamente intrusivos. Tienen sus mejores viñedos (algunos de ellos centenarios) en la zona del Trittenheim, por lo que su estilo es más bien restringido, de Rieslings estrechos, recordando más casi al estilo de las Rieslings del Saar. ¿El factor determinante a la hora de hacer vinos tan directos? El tiempo. Para vinificar, a Eva le gusta que los mostos pasen por una maceración pre-fermentativa para luego arrancar fermentaciones de manera espontánea en los icónicos Moselfuder (barricas usadísimas típicas de la Mosela de 1000L de capacidad), donde el vino se pasará más o menos tiempo (depende de cada cuvée) en contacto con sus lías.
Ya en nariz, esa primera impresión te dice que estás ante un semi-dulce (u off-dry). Delicadamente atractivo, con ese punto a ruibarbo y un deje láctico que recuerda al yogurt de limón y melocotón. En boca resulta muy fluido, brillante, fresco, fluvial cristalino. No se hace asiropado en boca para nada. Una delicia de vino.
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