Rojo cereza de media capa con ribete granate teja.
Nariz de media intensidad de tildes pletóricas, barroquita y de casta antigua ribereña. Hay aromas que recuerdan a las frutas pequeñas del bosque, las especias, cueros, sotobosque, maderas aromáticas y algarrobo. Noble y sutil pincelada de la serie animal sin dejar de perder esa frutilla exótica y oscura.
En boca es muy rico, complejo y equilibrado. Sabores de frutas del bosque pequeñas ligeramente especiadas con matices mentolados y de tabaco que recuerdan a la zarzaparrilla, que le dan un puntito amargoso y largo, llegando hasta un posgusto de tabaco y cueros. Mantiene el matiz frutal maduro que en su final posa tostaditos de su evolución reductiva en botella.
Una alegría de fondo de bodega que pasaba escondida del tiempo entre un pequeño histórico no intencionado de glorias pasadas y que aguardaba silenciosa el tacto de una mano curiosa. Hagan la cuenta de sus casi 33 añitos y calculen cuantos vinos actuales mantendrían el tipo después de tres décadas.
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