Una magnífica sorpresa con este vino singular de autor de una bodega Sínodo, “camino en común”. Son tres amigos enólogos que decidieron caminar juntos en esta experiencia vitivinícola y vital. Un vino con muy poca producción que no llega a las 800 botellas y es un tesoro, tal como me comento Antonio Leon el propietario de una tienda de vinos magnífica en Logroño. Es un vino fluído, con volumen y algo goloso, pero con mucha sedosidad. Con una mezcla de varietales típicas de la región con predominancia de Tempranillo y provienen de un viejo viñedo familiar en Uruñuela, con la nueva calificación de Viñedo Singular de Rioja. Un tinto que seguro que volará alto. Estoy con ganas de probar los otros que han sacado en la bodega de estos jóvenes enólogos. Color rojo cereza brillante. En nariz aromas muy perfumados a fruta negra torrefactos y como no, notas de regaliz, propio de la zona. En boca entra suave, delicado, goloso, muy frutal, con unos taninos sedosos, con buena estructura y un buen trabajo de barrica. Un vino muy recomendable. Y gracias a la recomendación de Antonio de Larria.
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