Un pinot noir neozelandés concentrado, maduro y delicioso, con aromas de frambuesa, fresas, pimienta (que se va), humo y un punto de tierra seca –aunque no diría que el vino es “mineral”. En la boca es una delicia tomar un pinot noir sin maderas, tanino suave y excelente balance. Lejos de ser una bomba frutal, en el final se despide con un gesto amargo que representa un magnífico contrapeso al encanto precedente. Para repetor. 22 euros en Rotterdam.
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