Se nota el dulzor y la crianza, hay complejidad, yodo, frutos secos, elegante aspecto de lías, cascara de naranja tostada, flores y finos tostados. Dando paso a un aspecto menos dominado por el sol, y es la frescura de las hierbas, en infusión, pulpa de cítricos. Pero enseguida recobra los puntos golosos, a miel de flores.
En boca recuerda a un vino generoso, con las notas de frutos secos y uvas pasas, orejones y un fondo tostado, que puede parecer al del roble. Es fresco y largo, persistente, dulce sin empalagar, equilibrado y muy elegante, las burbujas finas e integradas, dotan de cremosidad, casi melosa, aunque la acidez, como he dicho antes lo equilibria. El carbónico sorprende y hace alegre al vino. Sale la naranja confitada y los rasgos licorosos.
Se mueve muy bien con una pantxineta, pastel no muy dulce, con el chocolate negro 80% y con turrón de guirlache, es una gozada como cambia el cava y como influye en el postre. Grata sorpresa que reivindica al cava dulce, que esta en el olvido. Enhorabuena a Freixenet.
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