No volveré a insistir sobre el tópico de que "cada botella es un mundo", todos sabemos que es un hecho. En este caso, esta "Fleur" se mostraba más evolucionada (y no por ello menos interesante), con sus notas de cedro y tabaco havano, humus y trufa sobre un fondo de grosellas y moras menos dulces y extrovertidas que en otras botellas y otros años. En boca se muestra completamente pulido, con buena acidez, taninos del todo integrados. Se expresa con un clasicismo inesperado, lo que me invita a pensar que cuando los elaboradores son de primer nivel (y el padre de esta criatura así es considerado) y al vino se le da un cierto tiempo en botella, por muy "modernistas" que sean sus métodos el vino acaba dando cuenta de su terruño y cuna. Al menos por Burdeos parece que suele suceder. (¡Si hasta la ocurre a mi admirado Monsieur Michel Rolland!)
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.