Rojo picota, ribetes cardenalicios, capa alta.
Nariz muy intensa, muy primaria, joven, una explosión de múltiples aromas. Destaca un alma floral y frutal sobremanera. La definición de la fruta roja es sencillamente perfecta. Un impresionante desfile de fresas, frambuesas, cerezas invade la pituitaria. También percibimos recuerdos minerales y balsámicos, pero lo que más destaca es sin duda esa perfección frutal que he advertido en muy pocos vinos. Enorme expresión de viñedo.
En boca es un vino joven, muy joven, pero con todas las sensaciones que nos ofrece un vino grande. Gran equilibrio de registros, una fina y marcada acidez, tremenda estructura, potencia y elegancia perfectamente ensambladas. Final largo y profundo tras el que quedan notas frutales y balsámicas. Tanino presente, pero noble y perfectamente integrado. Magnífica persistencia frutal.
Nos encontramos ante un vino técnicamente perfecto, de esos que impresionan por su definición, poseedor de las medidas perfectas (¿90-60-90?). Es grande y será más grande todavía. No me extrañan los 100 puntos de Parker, tras los que este vino ha sufrido una tremenda inflación, siendo casi un objeto de culto. El afortunado poseedor de una botella bien hará en guardarla. Puede llegar a ser un mito como el Único 70 o el Riscal 45. Materia desde luego hay.
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