Gracias a Eduardo Ojeda por permitirnos acceder a su casa, ese palacio donde unos cuantos enamorados del vino tienen a buen recaudo un verdadero tesoro, de esos que no se les puede poner precio, pues a buen seguro que el valor sentimental es incalculable.
Este Moscatel Toneles, me ha dejado atónito, después de un día catando vinos de excelente calidad, catamos este como penúltimo vino, no lo voy a describir, pues además de que ya se ha hecho magníficamente, no podría expresar lo que sentí en el momento de catarlo, es un escalofrío que te recorre todo el cuerpo y que acaba inundándote todo el interior, estoy seguro que si en ese momento me hubiera cortado y me hubiera brotado sangre, mis hematíes hubieran sido color caramelo tostado y transportarían esas notas aromáticas mágicas que tan solo este vino puede aportarte.
En boca tiene una acidez que te hace salivar, te pide que pares, que disfrutes, que medites, pero ante todo te pide que vuelvas a llevarlo a boca, sobre todo al principio, debido a esa magnífica conjugacion entre acidez y sus varios cientos de gramos de azúcar residual por litro de líquido.
Su persistencia, sencillamente magistral, es lo que más aprecio en un vino y este rebate la teoría esa de las 15 o 20 caudalías, aquí para poder contarlas en lugar de la equivalencia 1 segundo 1 caudalía, tendríamos que cambiar el patrón de medida y tendría que ser 1 hora 1 caudalía. Por la mañana aún me quedaban reminiscencias de este vino.
Esta obra maestra podría arruinar en potencia, persitencia, etc., a cualquier Tokaji y Sauternes.
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