Rojo cereza de capa baja con amplio ribete de irisaciones teja anaranjadas. Nariz perfumada, con rasgos únicos de rareza sensorial que combina lo terciario con los aromas evolucionados de la serie animal. Hay matices fúngicos que recuerdan a la cueva, la tierra con hojarasca del bosque umbrío, especias dulces y los aromas calcáreos – minerales. Hay grosellas maduras, dejes de naranja pocha, tostados muy evolucionados que declinan en empireumáticos, sensaciones de petróleo, betún, hojarasca en descomposición, maderas aromáticas, grasa de caballo, paja húmeda y cuero recién curtido. Notas cárnicas y de plantas medicinales. Desarrolla un aroma terciario, mentolado y de tabaco que es un auténtico perfume. En boca es sedoso y aterciopelado, levemente amargoso como la fruta roja muy madura y la naranja pocha, sincero, fresco, con taninos formamos, goloso en las formas, expresivo, rico, pleno, con señorío y clase que deja una sensación austera y a la vez compleja en el posgusto. Retronasal que está repleta de terciarios, fruta roja madura, cueros, balsámicos, jengibre y menta. Un vino emotivo, con una riqueza sensorial enorme y que te hace meditar sobre la meta final de los vinos y como todos convergen en un mismo sitio sensorial. Un vino casi eterno, siendo de 1925 es una obviedad. Es tan grande que tiene cierto grado de imperfección, lo cual es parte de su perfección.
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