Gran Champagne. Te transporta al Folies Bergere... a los Impresionistas... a otro tiempo. Porque es un vino de otro tiempo; porque sigue haciéndose como entonces -o al menos te facilita sentir esa ilusión-.
Ya el color intenso, algo oxidado y viejo, anuncia su llegada...
Decantado en jarra fria, con suavidad para evitar la fuga del carbónico, se va oxigenando y empieza el desfile aromático: primero percibes los terciarios y la reducción; tostados, almendrados y sobre todo, miel y mantequillas. Frutos rojos, manzana, cítrico, yogurt y fábrica de galletas. Flores secas, melocotón en confitura, pasteles...
La boca perfecta; equilibrado, potente acidez, sabroso, percibes de nuevo gran parte de los aromas tanto en la lengua como en la retronasal. Cuerpo medio tirando a ligero que te incita a seguir bebiendo...
La copa vacía es como entrar en una boulangerie de los Años 20.
Champagne de verdad. Elegancia. Emoción.
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