La evolución de este vino es notoria en calidad, está girando hacia la esencia que desde el 2005 Ignacio de Miguel ha pretendido, ese toque mineral propio de una tierra dura y ubicada en un entorno majestuoso. Apareciendo incluso notas salinas propias de vinos minerales con giros hacia el cuarzo, incluso me atrevería a maridar con un potente pescado a la sal “Lubina, Pargo”.
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