Ayer tuve el placer de compartir mesa y mantel con el amigo Alex (Polen) y como no podía ser de otra manera, se eligió un vino acorde a las circunstancias. No comentare nada del menú para no herir susceptibilidades de los aristocráticos en cuanto al protocolo de maridajes...aunque para gustos colores.
La elección, éste Stradivarius disfrazado en forma de vino que con sus mejores notas amenizo el fantástico paisaje que pudimos disfrutar de un placentero día soleado, armonizando con su brillantez, elegancia y versatilidad tal evento.
Bonito color rojo picota muy opaco, brillante y ribete violáceo, con densa pero elegante lágrima tintando copa, de capa alta.
Fantasía aromática de excelente intensidad, complejo, con una primera apreciación muy frutal, con frutos negros muy maduros y rojos silvestres, tostados de maderas finas aromáticas y minerales (grafito, carbón). Posteriormente aparecen notas de bolleria caliente, toffe, espécias (pimienta y clavo), balsámicas, ahumados y recuerdos de cenizas de horno a leña y elaboración de chocolate en cazuela removiéndolo para que no se pegue.
En boca presenta buena entrada, expresivo, potente pero equilibrado, con buena estructura, sabroso y goloso, correcta acidez y final largo.
Retronasal con apreciación de notas frutales, balsámicas y aromáticas de madera.
Un vino para disfrutarlo en su conjunto, aunque personalmente me decanto por su complejidad de arómas.
Hay que darle tiempo para que exprese todo el potencial que esconde.
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