Su tarjeta de presentación (recién abierto) fue un grandioso ramo de rosas frescas, otras flores rojas secas y unos toques muy sutiles de lo que vendría después… todo parecía un “guante de seda”; en boca igual, terciopelo puro, equilibrio máximo, mucha frescura adornando lo inmejorable, hasta que miras la botella y ves que tiene 14,5% de alcohol (que será más, casi seguro)… ¿Dónde esta ese alcohol?!! Ni siquiera es glicérico, ni mucho menos cálido!! Pero sí mediterráneo.
Al poco rato de estar abierto (sin decantar) empieza el vino a abrirse y decirte quién es en realidad. Tabaco, trufa negra, bosque, setas, fruta negra perfecta (la madurez exacta, sutil, nada de lo que está de moda ahora) algún toque balsámico, pero todo de forma extremadamente elegante, nítida y clara, pero sutil, no evidente y obscena. Ni una sola pizca de todo lo que tienen los vinos “globales”, todos huelen a las mismas levaduras y vainilla con -en los mejores casos- una fruta sobremadura que aburre. Toda esta complejidad seguía siendo el segundo plano del vino, pues el ramo de rosas frescas no se marchó en las dos horas que tardé en beberme yo solo la botella
Creo que la maestría siempre pasa por el equilibrio, pues es un vino estructurado, con tanino, con enjundia, sin embargo es pura seda en boca.
Granbussia es un vino que solo se elabora en añadas excepcionales y nunca lo comercializan hasta permanecer al menos 6 años en bodega.
Imagino que este vino envejecerá con gran nobleza, pero debo decir que está soberbio, magnifico, inconmensurable ya mismo, es un grandioso ejemplo de equilibrio y elegancia, incita al puro placer y excita el intelecto.
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