Con ese nombre uno va predispuesto a tomar el vino, no sé si pensando en él mismo o en las aspas famosas del molino parisino. Ya me entienden. El caso es que ahora mismo tiene un aroma concentrado, de tuburio cabaretino, demasiado humo, ceniza, restos de madera, parece que han fumado puros mientras veían a las señoritas bailar, ahumados. La fruta parece algo madura, y en boca es algo agresivo en su tanicidad, con mediana acidez y un final donde las tablas o maderas vuelven a salir. Quizá falte sutileza y elegancia...como en el Cabaret. Es joven todavía...
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