Está aún mejor si cabe.
Fruta asada, piedras, nervio, longitud.
Un gusto hojear de nuevo...doblete
- Del color no hace falta decir nada, lo dice la etiqueta.
- Es un vino que evoluciona mucho, notas oxidativas y de frutos secos; luego fruta amarilla y también mineral, todo despacio, solapado y volviendo al inicio.
- En boca repite la tonada, es seco, nada agresivo, y con una integración de la madera, que ya quisieran otros, muy largo.
- Aquella noche también probamos un 1995: otro vino, mucho más potente y con bastente carga frutal.
- Después de mucha duda la comparativa en boca, nos hizo decantarnos por la añada 1996.
- Las veladas en el nº 19 de la calle Daoiz y Velarde en Santander tienen esto, nunca se repiten, son siempre una sorpresa, a cual mejor: en esta ocasión nos dedicamos a pasear, como ya nos anuciaron al empezar decantando.
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