De esos vinos que uno se agencia por medio de amigos en viajes muy temáticos, que oyen hablar de un bodeguero y se traen su biblia enológica; pero ya está este blanquito tomado. Es un chardonnay moderno, bien limpio y pasado por barricas nuevas y barricas de roble frances usadas de un año. Tal vez amortigue el toque de impacto que espera sacudir el trago de este vino nuevo, con notas muy pesadas de especias, vainillas casi como una barra de dehodorante caliente y desparramando esencias en medio de limones y y otras frutas tropicales. Casi una bebida de playa, sin sustancia, turistica y lo que demuestra que hay quien se empeña en traer estos vinos para saturar el mercado del vino español superior en estas lides a esta simpleza. Pero el mercado es el mercado y todos tienen que vivir.
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