En la Bodega dicen que este vino alcanzará su plenitud a los 50 años, jamás caté un vino tan entero con 34 años, parece imposible. El color es intenso hasta con reflejos rubí en punta formando unas irisaciones más propias de los vinos jóvenes. La nariz es complejísima, firme, cerrada y rotunda. Con aromas de fruta negra madura, bañada en sensaciones de nata y cremosas. Todo lo tiene concentrado, incluso los aromas vegetales de las variedades junto a las notas de cedro y ciprés, además de los balsámicos, menta, especias y matas aromáticas. Hay un final de nariz que recuerda al matiz terroso, torrefacto y de carbón o turba. En boca es una autentica delicia, con un excelente cuerpo bien armado de estructura pero a la vez pleno en equilibrio. Se percibe una fruta negra provista de unos magníficos taninos ( los polifenoles casi se pueden masticar ) pero dejando una sensación sedosa y dulce al paso. Es un vino muy largo, que te lleva a un posgusto lleno de fruta negra, café y chocolate con menta. La retronasal es muy intensa en donde se percibe una pequeña sensación aldehídica que ayuda a realzar el final de los matices aromáticos. Un vino para el recuerdo y al que seguro le queda por delante unas cuantas decenas de años para deleitar al que consiga poder degustarlo en algún momento de su vida. Muchas gracias Nicholas por esta vivencia.
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