Dorado intenso limpio y brillante.
En nariz y tras tres horas de aireación se muestra enormemente complejo, intenso y expresivo. Agradece sobremanera el aire revelándose cada vez con más misterio. Inicialmente da notas de plásticos, sobre todo vinilo, con algunos toques de keroseno. Pero poco a poco muestra un fabuloso bouquet de flores marchitas, albaricoques, membrillo, cítricos maduros, recuerdos minerales, especias, ahumados, hierbas aromáticas. Una bomba de aromas complejos y perfectamente ensamblados y limpios.
En boca desconcierta por su juventud. Pese a sus 18 años y a proceder de una añada más bien cálida se muestra fresco, rectilíneo, con una acidez impresionante, un paso firme, redondo y decidido y un final de grandiosa amplitud, lleno de matices, que se expande en el paladar. Deja sensaciones cítricas, minerales, térreas y frutales. Enorme persistencia. Un vino que logró imponer un silencio sepulcral a su alrededor, algo que solo los más grandes consiguen.
Cuando te enfrentas a un mito vinícola siempre lo haces con expectación. En este caso esas expectaciones fueron superadas. Este Clos de Ste. Hune es sin duda el mejor riesling seco que he probado hasta el momento. Su profundidad, su juventud, su recorrido y su expresión de terruño te hacen sentirte cerca de las estrellas. Sí señor, un mito vinícola a la altura de su fama. Inolvidable.
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