Este es el segundo de los vinos que tomamos el día de Navidad para comer. El primero fue un Chateau du Barry Saint-Emillon del 2002 en formato Magnum.
Dos años después volvemos a catar este "VIEJUNO" con mayúsculas, 88 años que se dice pronto. Los mismos que tiene mi madre y por ello le llevamos a su casa dos botellas, una para bebérnosla y otra para que la guarde. Qué decir tiene que la expectación que provocan estos vinos es brutal, arrancando algunas caras incluso de incredulidad...
Abrimos la botella a las 8 de la mañana, para catar a las 2 de la tarde, 6 horas de oxigenación le dimos viendo lo ocurrido en la cata de abajo. El tapón increiblemente salió con el abridor de dos tiempos estándar (adjunto foto), nos quedamos todos asombrados... buen presagio!. Antes de sacarlo a la mesa lo decantamos para que se acabe de airear. Servimos a 18°C:
VISUAL: Muestra un color rojizo amarronado, muy atejado, con una cierta turbidez y de capa media-baja. Sin duda estamos ante un abuelete (85).
OLFATIVA: En nariz nos encontramos con un Rioja añejado de libro, notas de bosque umbrío, fúngicos de boletus y trufa, hojarasca húmeda, flores marchitas, desván, polvorilla, especiados de pimienta y clavo, herbáceos a laurel, balsámicos de eucalipto y un elegante toque mineral arcilloso. En esta botella ni rastro de la fruta pero sí se vislumbran aromas terciarios: caja de puros, cuero ruso, cacao, café en grano, ahumados y duelas envinadas. Nariz de intensidad media pero de una complejidad abrumadora, tantos años esperando que al final explota y lo da todo, je,je... (91).
GUSTATIVA: Nos lo llevamos a la boca y lo notamos muy mineral, con una acidez marcada y los taninos dando guerra, buen ataque. Es increíble como se ha conservado este vino, un paso por boca aterciopelado y amplio, con un retronasal que nos trae notas fúngicas, recuerdos de maderas finas, orejones, especiados de fenogreco y clavo y aromas a tabaco de pipa. Su persistencia de unos dos minutos y medio. Desde luego esta botella está en mejor forma que la catada en 2014, sobresaliente! (90).
No dejo de sorprenderme cuando veo que vinos de 88 años están para beberse y encima con mucho que decir. Es la magia del vino...
También quiero reconocer que por la tarde, 11 horitas después de abierta ya estaba de capa caída; aguantó lo justo pero tampoco se le puede pedir más a este anciano.
La RCP la misma, muy buena, rayando el excelente. 35 euros por esta reliquia es un muy buen precio.
Acompañamos esta joyita en la segunda parte de la comida con unas "prunas y pinyons" (ciruelas con piñones), otro plato típico catalán de Navidad. Excelente combinación, ese toque mineral y las notas especiadas armonizaron espectacularmente con los aromas tostados de los frutos secos y los frutales de las ciruelas. A todo esto mi madre alucinando bebiéndose un vino del año que nació...emocionante!
Salud-os!!
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