Deambulas unos meses entre vinos buenos ya conocidos, agradables novedades y algunas frustraciones, y a la vuelta de un recodo, sin más merecimiento, te hallas inmerso en una de esas experiencias que te imbuyeron hace ya algún lustro en el Universo Enológico. Tras seguir la pista de alguna muy buena crítica y con una inversión de 21€ nos encontramos con este precioso picota ensangrentado de gran extracción y aspecto distinguido. Al agitar la copa se atisbó una fina reducción inicial que dejó paso a zarzamoras, ciruelas y violetas componiendo una nariz de gran calidad y profundidad. Especias y chocolate amargo no faltaron a la cita. La boca, como me estaba barruntando a estas alturas, nos deleitó con gran amplitud y estructura barriendo los carrillos con una magnífica acidez compensando la madura frutuosidad con que nos vuelve a recompensar. Finalmente, la longitud y condición de su posgusto nos graba la impronta de un recuerdo imborrable, el que dejan los grandes vinos como este Syrah, advenedizo sí, pero desde este instante y para siempre, en nuestra memoria sensitiva.
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