Procedente de la Finca Lunares a 900 metros de altitud nace un vino violeta que muestra su faja en distintas tonalidades rojas y azules, su cuerpo medio, su volumen amplio y rico, donde la fruta demuestra signos de madurez, que le aportan anchura.
Tras descorchar la botella, la intensidad aromática se hace presente, ríos de fruta roja se muestran con nervio desenfadado y con frescura, rodeado de puntas golosas pintadas de regaliz. El movimiento y oxigenación hace brotar su carácter más fresco, más balsámico, donde las sensaciones minerales aparecen. Tras el movimiento nuevamente la calma, destacando aromas de sotobosque y matorral, acompañadas por apuntes de nísperos y naranja, bien conjuntado por un velo de tierra roja.
En boca se muestra impetuoso a la vez que su textura suave acaricia el paladar, enseña sus taninos nobles, excelente acidez y explosión final con un postgusto amplio que muestra la estructura y calidad de un vino llamado para entrar en la clase alta de Ronda.
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