Es de los vinos que te despiertan por muy dormido que estés. Un latigazo de mucho cuidado. Brutal, radical y exagerado en todos los sentidos. Desequilibrado como mala cosa, se inicia con un extremado dulzor que casi repele. Poco a poco se asienta en boca y se le van encontrando virtudes que no son pocas. En efecto el dulzor se consigue soportar y hasta se soporta bien, el aroma es vertiginoso: café , hierbas aromáticas, licor, miel, piel de mandarina y fruta escarchada. La boca un trallazo de potencia, no está exento de cierta frescura, cuando se acaba , quieres más y más , es infinitamente inacabable, lo tuve en boca hasta dos horas después. Un prodigio.
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