El color que presenta es un amarillo muy pálido, poco color. Mucha espuma al verter y carbónico muy pequeño y escaso que asciende en una o dos hileras.
El aroma no es muy intenso, hay mucha más delicadeza que intensidad u ostentación . Da unos elegantísimos tonos tostados, junto con picadura de piel de naranja y limón, vainilla y miel.
La boca es lo que realmente me sorprendió de este champagne. Redonda, larga mostrando un carbónico integrado de forma prodigiosa, ( quizá el mejor integrado que recuerde), con una acidez perfecta, que forma un conjunto que sorprende por su alta armonía, dando sensaciones de fruta seca tostada y fruta muy fina. Me recordó un conjunto geométrico marcado por la línea recta. Irá a más con tiempo pero por ahora lo encontré absolutamente disfrutable, y además maravilloso.
En otro orden de cosas, cabe indicar que ciertamente es un champán caro pero que su precio (me costó sobre 170 €) está en consonancia con el resto de precios de de champagnes míticos que existen, y que lógicamente va aumentando a medida que la añada se aleja del momento actual, siendo conveniente recordar que existen otros champagnes con precios todavía más de locos.