Cuando Nicolas Joly, el gran apóstol de la viticultura biodinámica, nos da consejos, se ruega seguirlos al pie de la letra : se recomienda abrir semejante botella con cinco días de antelación y no son palabras al viento. Este 2005 es de color dorado claro, brillante y límpido. Tiene una nariz exhuberante, voluptuosa, y ofrece una rica paleta aromática : resina, anís, genciana, ciruela claudia, miel. En boca, muestra otra faceta de su carácter : es un vino graso pero muy seco - 2 gr/l. de azúcar residual - firme pero sin dureza, de una pureza diamantina, tenso como una cuerda, dibujado con precisión milimétrica, de estilo cisterciense. Hay recuerdos de ruibarbo, de endrina y un toque de ron viejo pero sobre todo notas minerales y yodadas muy complejas : perduran en boca unos minutos y impregnan el paladar. Nos hallamos ante un vino profundamente original - la búsqueda del despojamiento es difícil de entender - y prometido a un futuro glorioso. El único pero es que alcanza un precio inasequible. ( PVP : 68 € )
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