Botella del lote de Verema de junio de 2012, abierta sin dificultad con el sacacorchos de láminas y decantada un par de horas antes de su disfrute.
Cereza de capa media-alta con tonos rubí y el ribete algo atejado ya. Limpio y brillante. Lágrima abundante, densa y ligeramente coloreada.
Nariz de intensidad media, muy elegante y con un gran paleta aromática. Fruta roja muy madura, tabaco, notas balsámicas y minerales, caramelo, chocolate con leche, canela, regaliz y nuez moscada.
Boca intensísima, sápida, con una extraordinaria acidez y los taninos pulidos y bien presentes. Corpulento, aterciopelado y eterno, con la fruta en el centro de ese largo final.
Una maravilla que habría aguantado perfectamente otros diez años más en mi vinoteca.
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