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Jamás la olvidarás

Histórico:

Sé que me quedan muchos, muchísimos vinos por conocer, y aunque la razón me dice que tal vez los haya mejores (¿puedo ser yo el afortunado que encuentra la Perfección Absoluta?), sí que sé que este vino es MI vino, ese que con todos sus matices (de un lado u otro) es el que encaja en mí con la precisión de dos piezas en un rompecabezas de dos piezas. Fue hace ya mucho cuando me encontré con este vino por última vez, más de un año. Aquel día se solaparon tres acontecimientos absolutamente únicos: el vino, la compañía, y lo que estábamos compartiendo. De ellos sólo uno tengo la certeza de que podrá enriquecerse, con suerte, un día, pronto, cuando estalle el nuevo encuentro.

Evocación:

Sassicaia es una mujer madura, más que guapa bella, más que bella hermosa, de apariencia menuda y frágil, en apariencia tímida, quien recién llegada a su cita se presenta con apenas una palabra de cortesía. Su voz es algo aguda, como de niña, pero llena de armónicos que transmiten, como una melodía, el equilibrio perfecto del que goza su personalidad. Su perfume intenso, complejo y envolvente, donde no puedes encontrar una nota dominante, se apodera de tus sentidos, y empiezas a desear. Ella pronto calla, retirándose discretamente, sólo te observa, y te escucha, y espera, midiendo tu capacidad de recibirla, sólo asintiendo de tanto en tanto, levemente, a tus palabras. Y entonces, pasada casi una hora, de repente te mira, y te hace una caricia, y tú la miras con los ojos y la boca abiertos, asombrado, y ella te deslumbra con la complejidad de su interior, sin prepotencia pero sin falsa modestia, y el calor sube a tu rostro, alucinado, más que sorprendido, sobrecogido, y entonces, tú pobre mortal, te quedas sin palabras, porque ha llegado el momento de que ella hable. Y se pone en pie, y toda ella estalla con la violencia del clímax del amor cuando te besa, y bebiendo el vino directamente de su boca te llena la boca, y la cabeza, y se extiende por tu interior con una persistencia infinita que nunca, nunca, se te irá ya de la memoria. Y luego, suavemente, te toma de la mano y al fin te dice sólo una palabra, la palabra que estás loco por oir, la palabra que estás esperando desesperadamente: "VEN". Y tú, hombre obediente, sin remedio, obedeces, dejas la copa de vino sobre la mesa, y vas.

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