Tras una jarreada de tres horas de antelación, observamos un vino atejado con aromas de buena intensidad: madera tostada, café cortado, cacao oaxaqueño, ciruelas negras en pasa. En boca se percibe un cuerpo medio, buena acidez apretada por una dosis de elegancia, producto de un tanino que ya aceptó civilizarse y asociarse con el paladar. No llegamos a Itaca ni nos recibió el viejo Argos con sus ladridos, pero qué importa si nos queda el viaje del Odysseus y el cariño por él.
"Cuando partas hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento."
Kavafis
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