Incluso en epocas de crisis es complicado encontrar vinos de calidad y originales por debajo de 8€.
Aunque el vino tiene un corte clásico innegable, no estamos ante un súperclase ni nada por el estilo, pero si estamos ante un vino tinto honesto y original por encima de todo, dadas las dificultades que plantea la viticultura en las islas y lo difícil que es sacar lo mejor de las variedades tradicionales como la listán negro y negramoll, poco aptas para la crianza.
Si bien el color está ya algo evolucionado (2006), el vino es fresco, tiene nervio, un esqueleto suficiente y persistencia. En nariz predominan los aromas de crianza, especias y tostados finos, tabaco rubio, tras los que aparecen las notas frutales, que se disipan para dar paso a los balsámicos, el laurel seco, tomillo, romero y otros perfumes de monte bajo, algún ligerísimo recuerdo a pimiento verde.
En boca tiene un paso ligero, sin aristas ni asperezas, pero muy sabroso y una acidez natural increible. El postgusto es elegante, el vino es muy equilibrado, está muy ensamblado y evoluciona adecuadamente en las 3 horas siguientes a su apertura.
La pega la debe poner el elaborador, que le cuesta un riñón enviar este vino al continente y tiene que competir en casa con los habituales riojas y riberas, que están más baratos que en la península y no sólo por motivos de impuestos, sino por las ayudas que determinados productos reciben para dar el salto a las islas.
Mucho ánimo.
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