Consideraciones sobre la botella: De tipo borgoña, con etiqueta en la que predomina el blanco con el nombre del vino en un color negro brillante en relieve. Corcho de 5 cms., de gran calidad y que ya nos indica el interés de la bodega porque, desde el principio, el vino sea importante.
La cata:
Vista: Limpio, brillante, de color rojo picota con ribete granate y apariencia de una gran juventud, con la capa media-alta y una lágrima de gran densidad que arrastra mucho color.
Nariz: De buena intensidad, franco, con complejidad, elegante y destacando una buena armonía entre la fruta y la crianza. Los aromas de fruta roja madura se asocian con notas tostadas, especiadas, minerales, sotobosque, ceniza, cacao, regaliz, un toque cremoso, maduro y levemente licoroso y con algún recuerdo láctico. Todo ello bien conjuntado y en buena armonía e intensidad.
Boca: Tiene buena entrada, con buena estructura y cuerpo medio, sabroso, realmente jugoso, tan frutal como en nariz, con leve toque amargo, taninos presentes, pero finos y maduros, con una acidez estupenda que le da nervio y que consigue que la primera sensación en boca, que podría ser ligeramente golosa, se torne fresca y viva; una de sus características más notables. Su final de boca de buena persistencia.
En resumen, un vino de una garnacha atlántica de gran calidad, de atractiva apariencia; elegante y complejo bouquet y una boca jugosa y expresiva. Un vino que ya está en perfectas condiciones de ser disfrutado pero que pensamos que tendrá una evolución positiva en los próximos dos años. Allí estaremos (s.D.q.) para comprobarlo.
Su precio ronda los 18 euros.
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