Si para algunos el mejor blanco es un tinto, mejor no escuchar los comentarios sobre rosados, aunque en este caso callaría muchas bocas.
En vista presenta un precioso vestido frambuesa con apuntes entre azulados y cardenalicios en su menisco que me recuerdan a las tonalidades del grano de la granada. Limpio y brillante, con una lágrima fina y densa.
En nariz muestra fruta roja (fresas por doquier), notas de regaliz rojo, apuntes herbáceos -como dice Guillermo de sandía, pero de ese aroma que surge cuando la abres, esas notas de verdor conjugadas con las notas de la fruta que le dan el punto de frescor-. Notas de fruta amarilla, violetas y apuntes de hierbas aromáticas como la manzanilla.
En boca buena acidez, con estructura, no es un rosado "fluyente" que apenas deja un recuerdo -o un mal recuerdo en muchos casos- sino que se muestra goloso, adictivo, fresco y con ese punto de amargor final que te hace continuar disfrutando.
Lástima que no pudiera estar con vosotros en la virtual porque el vino, al menos para mí, es todo un descubrimiento como buen rosado.
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